UN ENGAÑO DESCOMUNAL

Así es, querido Watson, si alguien quisiera ganar
un juicio cuyo tema fuera la existencia de Jesús,
lo perdería porque no podría probarla…
.
Una de las preguntas reiteradas que me hacen, creyendo quizá que tengo la verdad para todos los tiempos, es sobre la existencia de Dios. Concretamente, me preguntan: “¿Dios existe?”.
Quienes formulan esta pregunta –así de literal–, no se dan cuenta de que carece de sentido, por lo que no se puede dar una respuesta válida.
La idea generalizada sobre Dios que tiene la gente es que es un viejito de barba blanca, rodeado de ángeles, que está en los cielos sentado en su trono –¡vaya a saber dónde!–, que creó al hombre, lo dotó de libre albedrío y lo vigila para después enviarlo, según su conducta, al Paraíso o al Infierno por toda la eternidad. ¡Cómo si Dios no supiera, al crearlo, cómo se iba a comportar!

También la generalidad de la gente piensa que Dios nos regaló el sexo para que podamos tener de vez en cuando una “alegría” en este mundo de dolor, pero que si nos privamos de este regalo, el sacrificio será premiado con el mejor lugar en el Paraíso. ¡Extraña forma de interpretar los supuestos deseos de Dios!
Por lo tanto, ante la pregunta sobre si Dios existe, la respuesta más sensata que uno puede dar es negativa, porque ¿cómo va existir una entidad tan absurda?
Similarmente a mi respuesta sobre Dios, si me preguntaran sobre si Jesús existió, mi respuesta también sería un rotundo ¡NO!
Cuando la gente piensa en Jesús, por lo general la imagen que tiene de él es que fue un avatar, es decir, un enviado, que vivió en Palestina hace dos mil años, que nació por obra del Espíritu Santo, que era el único hijo de Dios hecho hombre, que vivió célibe toda su vida, que hizo milagros, que fue crucificado y después de muerto descendió a los Infiernos para luego resucitar y ascender al Cielo en cuerpo y alma. ¿Cómo voy a responderle al consultante que sí, que el Jesús que piensa que existió, tan absurdo, realmente existió?
El problema con Jesús –me refiero al verdadero, no al inventado– es que, como muchos hombres notables de la historia, su existencia no se halla tan confirmada como lo podría estar cualquier persona más o menos famosa de la actualidad.
Sin embargo, la falta de pruebas irrefutables no debería ser un obstáculo para declarar que el verdadero Jesús sí existió, porque en la historia hay muchos personajes cuya existencia se considera incuestionable con mucho menos pruebas que la que hay sobre él.
Si en la época del Maestro hubiera existido Internet y un buscador como el Google, por citar uno de los más importantes, con un solo clic en la palabra “Jesús” hubieran aparecido cientos o quizás miles de referencias y nadie dudaría.
En la realidad de los hechos, Jesús fue un judío marginal, que fundó un movimiento marginal, en una provincia marginal del gran imperio romano. Su vida y su muerte fueron el acontecimiento menos importante de la historia romana de ese tiempo y sus contemporáneos ni siquiera le prestaron atención. Es de sentido común que fuera así.
Resultaría un hecho asombroso que algún historiador de la época se hubiera interesado en él, y una casualidad increíble que los escritores de ese tiempo se sintieran atraídos por relatar la ejecución de un carpintero palestino. Lo más natural del mundo hubiera sido que ningún contemporáneo lo recordara ni mencionara.
¿Pero entonces a qué se debe la trascendencia de Jesús a través del tiempo? Y la respuesta simple –más allá de sus sublimes enseñanzas, claro está– es que su figura fue sacada del anonimato y reinventada, haciéndolo el único hijo de Dios, que nació milagrosamente de una madre virgen soslayando las leyes de la gestación –¿cómo, no había dicho que él que no había venido a violar la ley sino a cumplirla?–, que fue casto durante toda su vida, que hizo milagros, que fue crucificado, que resucitó y después subió al cielo en cuerpo y alma.
No solo se agrandó su figura reiventada con escritos, sino, y esto después de la invención del cine, con películas, videos, y demás. Incluso para destacar más su figura se inventó que uno de sus discípulos lo traicionó por treinta monedas de plata. ¿Realmente usted cree que existió el traidor Judas?
Se puede comparar a Jesús con una bola de nieve que de pronto rueda y se hace tan, pero tan grande, recogiendo tantas cosas extrañas por el camino, que al final nada tiene que ver con lo que era el objeto inicial. Y finalmente lo único que se tiene en cuenta es esa bola de nieve monstruosa que resultó después de tanto rodar.
Como todos saben, yo me guío por los informes que me brindan los médium del Grupo Ruanel, Daniel Asamuya y Denyse Gómez –son mis datos estables–, y ellos han percibido con toda claridad que Jesús realmente existió, pero que no tiene nada que ver con el Jesús que fue inventado por la Iglesia.
Antes de proseguir es importante hacer notar algo que a la generalidad de las personas se les pasa desapercibido: el 99,99 % de los hechos de este mundo no han sido comprobados y se los toma como cierto por una cuestión práctica. Si alguien lo duda, que haga una lista de los hechos que considera tan ciertos e indudables que se jugaría tranquilamente su condena eterna por ellos. ¡Si ni siquiera puede estar seguro de que sus padres son sus padres! ¿O acaso les hizo la prueba de ADN?
Y si continúa teniendo dudas, piense en la persona que más cree conocer y después ponga en el tapete que los restos de cualquier ser humano, una vez cremado, caben en un pequeño recipiente. ¡La persona que creía conocer era solo una apariencia!
Y si quiere más pruebas, pídale a todas las personas que creen conocerlo que lo describan, y se encontrará con la sorpresa de que todas las descripciones difieren, que usted es muchas personalidades distintas, una por cada persona que cree conocerlo.
Pero incluso si sigue teniendo dudas, piense que ni usted mismo se conoce quién es en realidad. Por eso, simplemente por cuestiones prácticas –o si quiere porque no nos queda otra– podemos afirmar que Jesús, reitero que el verdadero, ha existido y que fue un hombre realmente extraordinario.
Como si lo expuesto no bastara, concluyo el tema mencionando que no hace mucho apareció en los diarios la noticia de una mujer que estaba segura de conocer bien a su esposo con el que convivía hacía más de diez años, hasta que descubrió que él tenía, debajo de la cama matrimonial y enterrada en el piso, a su anterior esposa.
Espero que me perdonen esta digresión, pero era necesaria a fin de demostrar que son contados los hechos por los cuales podemos poner, sin dudar en lo más mínimo, las manos en el fuego sin quemarnos.

El verdadero Jesús, que no era más hijo de Dios que cualquiera de nosotros –su divinidad fue simplemente declarada por un decreto de Constantino atendiendo a intereses de la época–, fue realmente un hombre extraordinario y sabio, que como todo rabí se había casado e incluso tuvo descendencia –su esposa fue María Magdalena–, que realmente fue condenado a morir en la cruz, pero por arreglos con el poder su crucifixión se transformó en un rito iniciático, que fue revivido (no resucitado) por maestros esenios, y después de reponerse del trance se hizo ver de sus seguidores y también comió con ellos. Más tarde partió con su esposa a la India donde siguió predicando y teniendo hijos. Murió siendo un anciano. Se conoce su tumba en Cachemira, lugar donde residió hasta su muerte.
Por supuesto que durante su misión no realizó milagros, sino hechos que para su época eran extraordinarios. Por eso dijo que nosotros haríamos cosas mucho más grandes que las que él hizo.
Incluso muchos de sus hechos que fueron atribuidos a milagros ni siquiera fueron extraordinarios, como la supuesta conversión del agua en vino en las Bodas de Caná (su propia boda con María Magdalena). Simplemente le sugirió al dueño que llenara de agua las tinajas vacías y que revolviera el mosto depositado en el fondo, con lo que se obtuvo un mejor vino que el anterior.
Éste es el verdadero Jesús en el que yo creo, no en el que fue inventado por la Iglesia para manipular a los ingenuos fieles.
De modo que cada vez que me pregunten sobre si Jesús existió, responderé con un rotundo ¡NO!, porque la pregunta estará dirigida a saber si existió ese personaje disparatado inventado por la Iglesia.
Por supuesto que hay mucho más para hablar de Jesús, pero para quienes deseen profundizar sobre el tema indico al pie los links respectivos.

Un dato interesante sobre Jesús es su referencia a la Tierra hueca y a su civilización interior, ya que a menudo decía que su reino no era de este mundo (del mundo de la superficie, claro está) y también que en ese reino el sol no se ponía. Jesús se estaba refiriendo, en realidad, a su anterior encarnación en ese mundo interno, el verdadero Jardín del Edén.