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    ¿Confias en los medicos naturistas?

    ¿Confias en los medicos naturistas?

    HISTORIA DE LA MEDICINA NATURISTA




    Desde la prehistoria a la civilización.

    La historia de la medicina tiene su origen en los albores de la humanidad, entendida esta como el conjunto de los seres con raciocinio. El tratamiento de las enfermedades en la prehistoria del ser humano comenzó probablemente, en el íntimo contacto con la naturaleza, con la observación de las costumbres de otros animales y con la experiencia acumulada tras la ingestión accidental o provocada de algunas especies vegetales.

    La leyenda de la celidonia (Chelidonium majus) o “hierba golondrinera” citada por Dioscórides: algunas golondrinas exprimen este vegetal en los ojos de sus crías para destruir la membrana ocular que les impide la visión en sus primeros momentos de vida.

    Algunas serpientes, a la hora de mudar su piel, acuden a frotarse a un árbol de corteza rugosa y seguidamente a donde crece el musgo para rehidratarse con su humedad.
    Ya en las primitivas comunidades humanas los hechiceros y chamanes utilizaban en sus ritos plantas medicinales, sustancias animales, amuletos de sustancias orgánicas e inorgánicas, etc.. Los sanadores estaban familiarizados con la flora del lugar donde residían, y con sus facultades medicinales y tóxicas, sirviendose además del rito, ademanes, indumentaria o palabras mágicas; así el efecto curativo se vería reforzado por la virtud de la magia del hechicero.
    La medicina tradicional china y asiática data el uso de la flora
    medicinal con una antigüedad de unos 10.000 años. Se han catalogado unas
    7.000 especies diferentes y se ha desarrollado un peculiar sistema de
    tratamiento que se basa más bien en el gusto, el olor y la temperatura de la
    planta, que en los estudios farmacológicos. Entre los textos más antiguos figura
    el Pen Tsao (año 2.800 a. C.) que cita plantas conocidas como el alcanfor o el
    ginseng.
    En el mundo occidental se conoce la existencia de herbarios desde la
    época de los asirios, los babilonios, los fenicios y los sumerios. En la mitología
    egipcia Isis era la diosa de la salud y se la consideraba instructora de las leyes
    de la vida y de la salud, y de los métodos de cultivo de los alimentos y especies
    medicinales. El famoso papiro de Ebers, del año 1.700 a.C. cita aproximadamente 700 plantas utilizadas con fines medicinales, entre ellas el ajo, que se daba a los esclavos que construían las pirámides para preservarlos de las pestilencias.


    Los griegos y los romanos.


    Pitágoras (600-500 a.C.) nos dejó las primeras indicaciones acerca de la salud. Se cuenta que Pitágoras, perseguido por sus enemigos, se negó a atravesar un campo de sembrado de habas porque padecía intensa alergia al
    polen de sus flores, así fue capturado y muerto por aquéllos.
    Hipócrates de Cos (460-377 a. C.), su propia obra y la recopilación
    posterior por las escuelas de Cnido y Cos constituyen la Colección Hipocrática
    o Corpus Hippocraticum, más de cincuenta tratados que son la fuente inicial
    de la medicina clásica griega.
    El concepto básico y más importante de la medicina hipocrática es el de
    “Physis” o naturaleza: “naturaleza universal” y “naturaleza particular” de
    cada cosa, en nuestro caso “la naturaleza humana”. La Physis es ordenada en
    sí misma y produce orden y armonía, tanto en su concepción universal, como
    en su sentido particular. Para el médico hipocrático la capacidad ordenadora de
    la Physis es la tendencia espontánea a sanar por sí misma las enfermedades.
    Aunque no se habla literalmente en el Corpus Hippocraticum de “vis
    medicatrix naturae” todo él refleja el concepto que esas palabras latinas han
    convertido en el paradigma actual de la medicina naturista: “la naturaleza
    sana por si misma”.
    El médico hipocrático, adiestrado por el aprendizaje, aplicaba sus sentidos y su razón al conocimiento de la Physis del hombre sano y del hombre enfermo; pero el médico griego no es un puro fisiólogo, no puede contentarse únicamente con el conocimiento de la naturaleza del enfermo; es un técnico, un artesano, un orgulloso experto en el arte de curar, sin olvidar que el arte o la técnica están al servicio de la naturaleza y en la imitación a ésta, esto es ayudando a lo que la naturaleza hace por sí misma.
    Según esta teoría las naturalezas de un hombre, un animal o una planta son únicamente diversificaciones de una Physis universal y cada parte del cuerpo humano es únicamente la diversificación de la Physis del hombre, una estructura de la realidad compuesta de cuatro “elementos primarios”: el aire, el agua, la tierra y el fuego; a los que se añaden cuatro “potencias fundamentales”: lo caliente, lo frío, lo húmedo y lo seco; y cuatro “elementos secundarios”: la sangre, la pituita o flema, la bilis amarilla y la bilis negra. Los humores serían una mezcla en proporción variable del los cuatro “elementos primarios” de la Physis universal, y de la misma manera, el organismo estaría constituido por una mezcla de los cuatro “humores” o “elementos secundarios”.
    La salud consistirá en una “buena mezcla” de los humores y en un modo de vivir proporcionado y armonioso, que mantenga el punto de equilibrio de las potencias de la Physis del hombre. El estado de salud es justo, puro, bello y proporcionado; la enfermedad por el contrario es una suciedad o impureza, por tanto limpiar, “purgar” es por antonomasia -y lo seguirá siendo en el transcurso de todo el pensamiento médico naturista- curar.

    La terapéutica hipocrática sigue los conceptos hasta ahora expuestos,
    recordando las palabras de Ambroise Paré: “Yo le asistí, Dios le curó”. El
    tratamiento debe respetar tres principios fundamentales: 1) Favorecer o no
    perjudicar “primum non nocere”. 2) No hacer nada por necesidad forzosa,
    abstenerse de lo imposible. 3) Actuar contra la causa de la alteración de la
    Physis. Cumpliendo estas tres normas el médico hipocrático es útil y con una
    gran prudencia, siempre sin hacer daño, ayudará a que la Physis, al sanar,
    restaure su orden propio.
    El régimen de vida en la terapéutica hipocrática es el conjunto de los
    hábitos de vida del ser humano e incluía: la alimentación, el ejercicio y el
    descanso, los baños, la actividad profesional y social, etc.. Un hombre podía
    considerarse sano cuando su salud era fruto de su propia naturaleza Physis y
    de su régimen de vida “Díaita”.

    Teofrasto (370-287 a.C.) fue discípulo de Aristólteles y Platón, y autor
    de un libro sobre plantas y piedras en el que se incluían ya algunos datos sobre
    fisiología del cuerpo humano.
    Dioscórides (siglo I d. C.) estuvo en Roma al servicio de los ejércitos
    de Nerón entre los años 54 y 58 después de Cristo. Describió mas de 600
    plantas medicinales en cinco libros titulados “De materia médica”.
    Plinio el Viejo (siglo I d. C.) publicó una extensísima “Historia natural”
    con nada menos que 37 tomos, algunos de los cuales están dedicados a plantas bienhechoras de la salud utilizadas en los albores de la era cristiana.
    Las escuelas médicas del Imperio romano seguían a Esculapio, se llamaban asclepiades y estudiaban y practicaban exclusivamente la medicina.
    La mitología dice en la Ilíada de Homero que Esculapio tuvo dos hijas: Hygeia y Panakeia –de las que derivan las palabras de “higiene” y “panacea”.
    Asclépiades sin embargo fue antihipocrático y tenía una concepción mecánica del cuerpo humano, fue uno de los primeros en negar el poder curativo de la Physis e incluso se mofaba del trabajo de la naturaleza.
    Claudio Galeno (131-200 d. C.) fue médico imperial en Roma y sus libros se estudiaron en todas las facultades hasta bien entrada la Edad Media.
    Galeno codificó y sistematizó por primera vez fármacos procedentes del reino vegetal, animal y mineral. Para Galeno la naturaleza seguía siendo el médico de las enfermedades dentro de las facultades del organismo: el poder de atracción, el poder de conversión, el poder de retención y el poder de excreción. También reconocía la fiebre como un agente curativo de la naturaleza. La fisiología de Galeno se fundamenta asimismo en los cuatro humores hipocráticos: la sangre, la bilis amarilla, la bilis negra y la flema o pituita. Sin embargo en Galeno existía una cierta inclinación a la polifarmacia.


    La Edad media.

    El mundo árabe recibió la literatura científica griega. Según Avicena siempre se tiene que tener en cuenta el poder curativo de la naturaleza “porque el verdadero curador es la fuerza propia del hombre y no el médico, ya que el
    médico solamente toma los medios para restablecer esta fuerza”.
    Henri de Mondeville, médico de cámara de Felipe el Hermoso hace una
    de las alabanzas más poéticas a la capacidad curativa de la naturaleza:
    “La naturaleza es como un violinista, que guía y dirige a los bailarines con su música. Nosotros los médicos y los cirujanos somos como los bailarines, y a medida que la naturaleza toca el violín, nosotros deberíamos bailar manteniendo su ritmo”.

    En la Europa medieval se produjo paulatinamente la adaptación del hombre como microcosmos al cristianismo. El hombre ha sido creado a imagen y semejanza de Dios y comparte con él la inteligencia, la razón y la libertad; la relación entre el hombre y el mundo se iba a modificar comenzando con una fuerte aspiración del hombre al dominio racional de la realidad. El médico que llamamos “moderno” poco a poco dejó de verse a sí mismo como “servidor” de la naturaleza y comenzó a sentirse como su “señor”.
    4. Siglos XVI y XVII Durante el Renacimiento se dio una cierta dualidad entre los filósofos, los médicos y el resto de hombres de ciencia; algunos tenían una visión del
    cuerpo mecánica, reflejo de la concepción del universo como un gran mecanismo; y otros en cambio entendieron el cuerpo humano y la propia naturaleza como algo vivo movido por una fuerza “vis” interna.
    El panvitalismo observó al universo como si fuese un ser vivo, un gran organismo dotado de una fuerza interna y espontánea; Paracelso, como los hipocráticos, defendió el poder curativo de la naturaleza, pero el médico no debía limitarse a servir a ésta; la terapia expectante no tenía valor, el médico debía participar diagnosticando la entidad morbosa, localizando la enfermedad y aplicando la terapia.
    El mecanicismo entendía el universo como un inmenso mecanismo de forma geométricas inertes que se mueven gracias a una fuerza externa sometida a leyes matemáticas que regulan su mecanismo. El hombre puede conocer las leyes matemáticas que presiden el movimiento y por medio de este saber, modificar el mundo creado según sus necesidades.
    El empirismo clínico con Sydenham pasó del estudio clínico de la enfermedad en el individuo enfermo y, por tanto única, a la clínica “moderna” de enfermedad como especie morbosa estándar que permitía incorporar la clínica al llamado “saber científico”. Como respuesta se dio lugar al nacimiento de una de las frases más universales del naturismo médico: “no existen enfermedades sino enfermos”.


    Siglos XVIII, XIX y XX


    Las ciencias de la naturaleza y de la vida iniciaron un cambio importante que les llevó a alcanzar la suficiente madurez como para convertirse en sólidos apoyos para la nueva ciencia médica. Por una parte el estudio químico de la composición de los productos naturales así como sus sustancias activas, y por otra el análisis fisiológico de los mecanismos de acción, gracias a la fructífera relación entre la química y la medicina, dieron lugar al gran avance de estas ciencias, de la patología y de la clínica.
    Finalmente, la aparición de los antibióticos, la síntesis química de medicamentos y el surgimiento de grandes industrias farmacéuticas relegarían a un segundo plano los conceptos románticos de la medicina natural.


    El movimiento naturista centroeuropeo del siglo XIX.

    La hidroterapia es la base terapéutica sobre la que se desarrolla el posterior movimiento naturista. La utilización del agua había adquirido nuevos valores, ya no se percibía de la misma manera que en los dos siglos anteriores
    como un elemento capaz de infiltrarse en el cuerpo para debilitarlo, sino que se había convertido en una herramienta de fortalecimiento. El cuerpo era capaz de reaccionar a estímulos como el del baño frío, fortaleciéndose.
    En el siglo XVIII en Silesia, antigua región de Europa central, trabajaba el médico Siegmund Hahn, que empleó y difundió la terapia con agua fría después de comprobar que su hijo Gottfried se curaba del tifus tras un tratamiento hidroteràpico. Su hijo mayor Johann Siegmund Hahn también médico continuó utilizando la hidroterapia como su padre y publicó un libro titulado “Enseñanza sobre la fuerza y efectos del agua fresca en los cuerpos de las personas” (Hahn, 1738).
    Vinzenz Priessnitz (1799-1851) era un labrador al que le costaba leer y escribir, fue un autodidacta que se basó en la observación y en las costumbres de su entorno. Sufrió un accidente al recoger la cosecha en el que se fracturó varias costillas y, acostumbrado a observar a los animales curarse con agua, se aplicó compresas de agua fría durante un año. Después de esta experiencia comenzó a tratar con hidroterapia a sus vecinos. Priessnitz pensaba que todas las enfermedades estaban producidas por humores pecantes, estos humores impregnaban el organismo y el agua era el mejor medio para eliminarlos, tanto por el sudor como por las vías urinarias. Al comienzo de su trayectoria los médicos le denunciaron y atacaron hasta que su fama estuvo muy extendida y
    los ataques ya no le hacían daño. En el año 1839 atendió como pacientes a 1700 personas entre las cuales 120 eran médicos; por esta época en Europa Central existían ya 46 establecimientos hidropáticos en los que se seguía el sistema ideado por Priessnitz.
    Theodor Hahn (1824-1883) había trabajado como farmacéutico y padecía asma desde niño, de la que fue curado en un sanatorio hidroterápico que seguía el sitema Priessnitz y después del tratamiento se quedó como colaborador. Con Tehodor Hahn entra, por primera vez, a formar parte de la medicina naturista un hombre que prescribió la alimentación lacto-vegetariana con un fin medicinal, que consideraba como estímulo de igual valor a la hidroterapia; recomendaba fruta y verdura cruda y consideraba la alimentación vegetariana como la alimentación natural del hombre.
    Sebastián Kneipp (1821-1897) fue un sacerdote que también se curó a sí mismo de tuberculosis mediante la hidroterapia que asimiló y puso en práctica a través de la obra "Enseñanza sobre la fuerza y efectos del agua fresca en los cuerpos de las personas” (Hahn 1738). Fue parroco de Wörishofen y combinó esta tarea durante 25 años con la aplicación de hidroterapia a gran cantidad de enfermos. Las teorías de Kneipp, lo mismo que Priessnitz, nos recuerdan las mismas nociones vulgares decantadas de la teoría humoral; así para Kneipp el agua produce los siguientes efectos:
    1º Disolver los gérmenes del mal que existen en la sangre.
    2º Separar y eliminar las sustancias disueltas.
    3º Restablecer la circulación normal de la sangre así purificada.
    4º Vigorizar el organismo debilitado, devolviéndole la actividad perdida.
    Empleaba además una dieta abundante no vegetariana, e infusiones de plantas medicinales. Kneipp también escribió varias obras: “Mi cura de agua”, “Mi testamento para sanos y enfermos”, “El cuidado de los niños” y otras.
    Arnold Rikli (1823-1906) era fabricante de tintes que también leyó a sus antecesores y se aplicó a sí mismo tratamiento hidroterápico. Llamó a su tratamiento “la cura atmosférica” que consitía en hidroterapia con agua fría, agua caliente, baños de vapor; y lo que más le caracterizó fue el uso terapéutico del aire y de la luz del sol como “fuente de toda vida”.
    Louis Kuhne (1835-1901) tuvo una fábrica de ebanistería durante 24 años y durante años también prueba en sí mismo diferentes tratamientos naturistas y desarrolla lo que el mismo llama pomposamente “La nueva ciencia de curar” que no es más que una recopilación de las prácticas naturistas de sus antecesores. Según él, “el diagnóstico del nombre de las enfermedades , tal como lo hace la medicina moderna, es completamente inútil…Si la enfermedad es una, el modo de curarla debe ser igualmente uno. Este único tratamiento consiste en evitar la introducción de sustancias tóxicas en la alimetación y
    expulsar las que ya se han acumulado en el cuerpo. Los alimentos más adecuados son los vegetales y sin su uso no es posible la curación.
    Max Bircher-Benner (1867-1939) acabó la carrera de medicina y fue un gran estudioso y práctico sobre la fisiología de la nutrición y la dietética, estudió además la física de la energía en los alimentos. Llegó a la conclusión de que lo que distinguía a los alimentos crudos era su capacidad de ser portadores de la luz solar convirtiéndose en el más apasionado defensor de la dieta vegetal cruda para mejorar la salud de las personas y combatir las enfermedades.

    Última edición de Toro bravo fecha: 27-10-2012 a las 13:21

    Hay que poner cada cosa en el lugar que le corresponde.


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  3. #2
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    heee.... nop son humanos tambien cometen errores.... y sus errores nos pueden costar la vida... y muchos se creen zeus.... y no llegan a cucaracha .. (no son todos... pero son un poquitin creidos) y es un gran pero gran negocio buen tema mi estimado toro bravo
    no envejesco a sumo maduro



  4. #3
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    86
    La verdad no confío, pero resulta que muchas veces superan a la medicina tradicional.

    Sobre todo cuando ésta pierde la perspectiva de la vocación y se transforma en un negocio. NO voy a poner en duda la calificación de los profesionales, de los que son, efectivamente profesionales y vocacionales, pero otros dan verguenza. Y si la medicina natural prevaleciere, tiene que prevalecer también la vocación. Pero en el medio de libre mercado, ninguno de los dos me convence, por ello, mejor y ante la oferta, es mejor evaluar cada una de las ofertas, para no terminar haciendo ricos a los que nos confinan a la ilusión de la mejoría, ó la muerte.




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