MANUEL M. CASCANTE | PUERTO PRÍNCIPE
Actualizado Jueves , 21-01-10 a las 15 : 00



La ayuda de República Dominicana a su vecino Haití fue inmediata, decisiva. Lástima que no estuviera la CNN para contárselo al mundo. Más de 1.200 brigadistas, toneladas de ayuda y, sobre todo, acción directa sobre el terreno. Desde el primer momento y por su cuenta. “A la ONU sólo la hemos visto por los aires. Aviones no les faltan”, ironiza el general Luis Antonio Luna, responsable del grupo de Defensa Civil.

“Hemos trabajado directamente con los barrios, incluido Cité Soleil y otros poblados tanto o más peligrosos, y hemos llegado a acuerdos con sus líderes sociales”, cuenta el general. “Ellos vienen, nos dicen qué ayuda necesitan, cargamos sus camiones y los acompañamos para comprobar se le da el destino adecuado”.

“Ya vamos dando por terminada la primera fase, la del rescate -explica Luna-. Ahora comienza una más peligrosa: la de distribución de ayuda, que puede ir acompañada de frustración y violencia. La población nos tiene que ver en los barrios, por eso empezamos a realizar tareas de proximidad”.
El Gobierno haitiano también colabora en el operativo. “Los ministerios del Interior y de la Mujer nos envían un listado de sitios, y allí se distribuye la ayuda en vehículos privados o de ONG”, explica el general Bienvenido Cordero, responsable de la logística: “Repartimos unas 150.000 comidas calientes al día, con protección de la ONU”, organismo que distribuye otras tantas raciones de la ayuda que acumula en sus instalaciones cerca del aeropuerto.

Allí y frente al Parque Tecnológico Metropolitano se agolpan decenas de haitianos en busca de alimento, de trabajo, de una oportunidad... Los cascos azules que los vigilan han establecido perímetros de seguridad, pero la gente es más digna que violenta, más amable que desesperada. “Tengo una lista de personas necesitadas y no sé a quién dirigirme. ¿Puede ayudarme?”, pregunta con cortesía y desesperación un joven, representante de una ONG local. Le sugerimos que solicite una entrevista con Cordero.

Pese a su aspecto imponente (bigardos pertrechados con équipo a a última), los soldados estadounidenses tambien conviven cordialmente con la población frente al hospital central, al que dan protección. Elementos de la 82 División Aerotransportada proporcionarán seguridad en “instalaciones clave que exceden la capacidad de las fuerzas de la ONU”, explicó el general Daniel Allyn. Los estadounidenses no patrullarán las calles, pues, según Allyn, los “cascos azules” y la policía tienen capacidad para responder a los casos de violencia.

Mientras, los primeros marines llegaron a la localidad de Leogane, y el buque hospital Comfort, que cuenta con 600 médicos y un millar de camas, atracaba frente a las costas haitianas y recibía a sus primeros pacientes.
Al tiempo, en las calles, aún se suceden los milagros y aparecen personas con vida bajo los escombros, ocho días después de la catástrofe humana (y no “humanitaria”, como insisten algunos medios). Y en esas mismas calles, aunque no llega toda la ayuda necesaria, hay vendedores de refrescos, dulces y fruta, sin que nadie los robe o amenace. Los saqueos, puntuales y localizados, son poco más que carnaza para la televisiónes y los editores gráficos de la prensa mundial.


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